viernes, 22 de febrero de 2008

COMO LA ENREDADERA

El colegio es una jungla
de niños vestidos
que desnudan sus vidas
a través de sus rostros.

Entre niños dolidos
el calor es frío…
Entre quedarse y marchar…
él sabe correr.

Entre preguntar y callar,
reconoce las rosas en los ojos,
que es mejor que las mentiras.
Espera entre las horas
que le traen otra vigilia.

Creen que crecerá
como en el muro la enredadera.
Creen que sabrá buscar
en la escarcha su lugar.
¿Será jazmín…
o será niño de cera?

Que mañana vendrá su padre,
con la sonrisa de otro hogar,
que entrará en la casa otro hombre,
que saluda… y se va.

Que tiene miedo, madre,
que antes de los gritos
y ahora del silencio.
Que no hay palabras,
ni en su voz ni en la de nadie.

Se desespera por abrazar,
pinta regalos en papeles encontrados,
y se desliza entre las lágrimas
de cada desengaño.

Y aunque no comprende
por qué él ha perdido
y no tiene el derecho a llorar,
por abrazos se desvive.

Cambia la vida,
lo aprendió en un momento,
y ahora todo parece fugaz.

Lo peor es el silencio,
en el que se tumba y se duerme,
y los besos,
descuidados, cuando anochece.

¿Qué le pedirás,
cuando se aventure en su mar?
¿Qué le dirás, padre?
¿Que en otro barco ha de remar?
Pero si hoy ni siquiera comprende
en qué lugar ha de luchar.

Deambula por sus vidas,
no le importa el saludo,
sólo siente las despedidas,
y le reprochan de veras
que no regale sus sonrisas.

¿En qué momento ha pedido
ser él el centro
de un amor que sin destino
es el dueño de su vida?

¡Que no quiere sonrisas,
ni hola, ni despedida!
Que le lleven donde el prado
quiere acoger su risa.

Que le lleven con la prisa,
con la prisa de su vida,
no con el carro
que atropelló otras vidas.

Le dicen que no entiende,
y no, no comprende,
si en este mundo la risa
no sale de dentro.

No es mayor para sentir,
y sí para llorar,
y no comprenden que
en las noches de sus sueños,
se le llevan en sus miradas,
en sus lamentos,
y que él se pierde,
y si pregunta se sonroja,
porque el silencio…
Otra vez él no comprende...
¿Y qué ha de comprender?
Si en el tiempo,
si en su labios…
Él es el paso que calma los antojos,
la decisión, el que cierra los ojos.

Si todavía no sabe
en qué lugar de su cuerpo
nace el destino…
Y le hacen crecer
en el camino perdido
de quien amó en su momento.

¿Dónde está el suyo?.
¿Dónde su momento?
¿Por qué no ven
que en su pecho hay un mundo?

Y él… siendo el niño,
es el viejo.
El que vive en el silencio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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