Lleva en su espalda el eco
de llantos y silencios,
los dedos del firmamento,
los labios del reencuentro.
Lleva en la frente escritos
los pasos de los otros
y en el pecho lleva callados
el miedo y el desconcierto.
La tierra seca que dejó,
otros, el suelo fértil lleno de
muertes, mentiras, huidas,
se les cuela en los bolsillos
y en la voz de las despedidas.
Nunca quiso ser vagabundo
y ahora lo es en otra tierra
que ni le reconoce,
ni le recuerda.
No aprende idiomas,
sólo distancias entre personas,
sólo comprende miradas,
el que está y el que se avanza.
Se defiende de las lágrimas
callando lo que sabe,
y provoca huracanes
de incomprensión en las calles.
Como arbustos en el bosque
compitiendo con raíces,
buscando a las personas
que anónimas hasta ahora
se convierten en hermanos.
Encontrando almas,
una música, una llamada
un acento en la palabra.
Compartir el temor
a no querer regresar un día.
Con la nostalgia en la boca
en los gestos y en los sueños.
Y yo, raíz en este suelo,
en el que callo el recelo
de ser un corazón aislado
en su pecho apasionado.
Yo, que espero
una respuesta
también para su cielo,
que cree que no comprendo.
A mí que no se me da el derecho
de sufrir por el silencio,
a mí que se me niega el miedo,
porque no abandoné corazones.
No comprendo las palabras,
pero entiendo las razones.
¿Y si el alba de mañana
me obliga a dejar mi bosque?
Lleva en la mirada el orgullo,
en las manos el desierto,
la selva, el hielo.
Y yo en mi garganta llevo
quimeras para sus besos.
No podré cerrar los ojos mañana,
ni pensar que quedaré olvidada
en algún lugar de la azada
que parta mi respiración
con un adiós.
Se acerca a mí con su anhelo,
me entrega el amor y sus recuerdos,
que no piense que en mi estrella mañana
se olvidará su melodía,
que sabe que de la pena al canto,
no hay más que melancolía.
Me pierdo en los confines
de mis ojos y mi mente,
si pienso que sus labios
no acariciarán mi frente.
Si pienso que mi alma
no será suficiente.
La noche en sus ojos,
derramada en su cuerpo,
mares de otros tiempos
que buscan la risa
en mis manos y en mi vida.
Del mundo los cuerpos,
azabache el miedo
a amores grandes,
con pequeños recuerdos.
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